Carl V. Hartman and the Costa Rica Collections

Carta de W.J. Holland a C.V. Hartman con instrucciones para la expedición a Costa Rica de 1903

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W.J. Holland, director del Museo Carnegie, escribió esta carta a Carl Vilhelm Hartman el 24 de marzo de 1903, sólo siete días después de que éste se incorporara a su flamante cargo de conservador de la Sección de Etnología y Arqueología. En la correspondencia entre ambos que condujo en apenas un mes a la contratación de Hartman, éste había hecho hincapié en su deseo de retomar la investigación arqueológica en Costa Rica, sus contactos personales con personas influyentes, y su conocimiento de primera mano sobre colecciones de antigüedades disponibles para la compra.

Holland consideró esta situación como una oportunidad ideal para que el joven Museo Carnegie adquiriera, rápidamente, antigüedades costarricenses impactantes, dignas de ser exhibidas en el ampliado edificio de la institución cuya apertura estaba programada para 1907. A sabiendas de esto, Hartman presionó para que el museo comprase la colección del padre José María Velasco, entonces depositada temporalmente en Filadelfia pese a que su dueño se encontraba en Costa Rica, y alertó al director de que otros museos se hallaban tras ella.

La estrategia dio resultado, como prueba esta carta de dos páginas en que Holland da instrucciones a Hartman para la expedición a Costa Rica que emprendería al día siguiente, 25 de marzo. "Es mi deseo, en mi calidad de director del museo, que usted viaje a Costa Rica con el propósito de realizar, en nombre de esta institución, investigaciones en historia natural, y más específicamente en relación con la etnología y arqueología de ese país", escribe Holland al comienzo de su misiva. Tras darle permiso para trabajar un mínimo de tres meses en el Museo Nacional de San José y propiciar un intercambio de objetos norteamericanos por artefactos costarricenses entre los dos museos, Holland le encarga a Hartman la compra de la colección de Velasco por una suma no mayor a 3.000 dólares (al final, Hartman se las arreglaría para adquirir no sólo la colección depositada en Filadelfia sino también otra, igualmente perteneciente a Velasco pero ubicada en Costa Rica, ambas por un total de 2.200 dólares). Asimismo, le pide que lleve a cabo investigaciones independientes en las líneas que el propio Hartman había esbozado en una comunicación anterior, le sugiere extender los objetivos hacia campos como la botánica y la entomología de ser posible, le exige que lo mantenga al tanto de sus movimientos y planes, y le confía un completo equipo fotográfico y la suma inicial de 500 dólares para gastos corrientes, capítulo en que habría cierto desacuerdo posteriormente entre el director y el conservador, pues al primero no le parecieron justificados todos los egresos pese a que el segundo aseguró siempre que durante sus siete meses en Costa Rica consumió menos de lo que se le había asignado y casi todo lo invirtió en el trabajo de campo.

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