Carl V. Hartman and the Costa Rica Collections

Carta de C.V. Hartman a C.C. Mellor del 27 de Mayo de 1907

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Carl Vilhelm Hartman había prestado sus servicios como conservador en el Museo Carnegie durante cuatro años y tres meses cuando escribió esta extensa carta a C.C. Mellor, presidente del Comité del Museo del Instituto Carnegie. Contratado por el director W.J. Holland en febrero de 1903, Hartman partió rumbo a Costa Rica en marzo para realizar la expedición que el museo le había encargado y retornó a Pittsburgh en noviembre. En los años siguientes, Hartman dirigió la Sección de Etnología y Arqueología, administró el así llamado Anexo que albergó dicha sección hasta enero de 1907, investigó y publicó acerca de los artefactos costarricenses que había obtenido durante su expedición, y organizó las exhibiciones antropológicas en el recientemente ampliado edificio del Instituto Carnegie a partir de abril de 1907.

El objetivo primordial de la carta de Hartman no era otro que conseguir un aumento salarial. Su sueldo de 1907 ($166,66 al mes; $2.000 al año) era exactamente igual al que recibía en 1903, pese a más de cuatro años de dedicado trabajo. A lo largo de la misiva, de veinte páginas y en papel membretado de la Sección de Etnología y Arqueología del Museo Carnegie, Hartman enumera los logros por él cosechados desde su vinculación a la institución: la eficaz conducción de la expedición a Costa Rica en 1903, ajustándose a las instrucciones de Holland; la compra, en aquel país, de dos valiosas colecciones arqueológicas al precio aprobado por el museo para una sola; el estudio de las colecciones del Museo Nacional de Costa Rica y el descubrimiento, cerca de San José, de más de mil artefactos durante la excavación de unas tumbas; la publicación, basada en sus investigaciones en Costa Rica y aplaudida por colegas prominentes como E. Seler o F. Boas, de monografías y artículos en medios especializados; y en definitiva la creación y consolidación, a un moderado costo, de una de las mejores colecciones costarricenses del mundo, valorada, tras la correspondiente catalogación, en entre 20.000 y 25.000 dólares según Hartman.

Es en la última parte del texto, después de este recorrido por las que Hartman consideraba sus principales contribuciones, donde el conservador del Museo Carnegie expone detalladamente su deseo de ver incrementados sus honorarios. Hartman enfatiza el hecho de que Andrew Carnegie dotaba a la institución con fondos superiores a los de la mayoría de los grandes museos del planeta, por lo que a su entender el sueldo de sus empleados debía ser al menos equivalente al de los de otras instituciones estadounidenses. Sin embargo, mientras él ganaba $2.000 al año, el salario promedio de los conservadores en otras instituciones ascendía, según afirma, a $3.000, y llegaba a $3.500 en algunos casos. Asimismo, el conservador de Etnología y Arqueología pide que se le autoricen los fondos para contratar al menos un asistente con cualificación científica, y aduce que a otro conservador del museo, el de la Sección de Paleontología, ya se le hab ían concedido varios.

A fin de cuentas, la carta cuidadosamente escrita de Hartman se quedó en papel mojado. Hartman no recibió ningún aumento y, de hecho, siguió cobrando $166,66 al mes hasta que, menos de un año después, el 1 de mayo de 1908, dimitió de su cargo en el Museo Carnegie para volver a su Suecia natal, donde se convirtió en director del Departamento Etnográfico del Museo Real de Historia Natural de Estocolmo. Al enviar su misiva al presidente del Comité del Museo, Hartman desobedeció la línea jerárquica, lo que refleja su cada vez más tirante relación con Holland. Esta carta a Mellor es la única fuente de información sobre algunos aspectos del trabajo de Hartman para el Museo Carnegie, y muy en concreto sobre la apreciación del propio protagonista respecto a los que él mismo consideró sus mayores logros profesionales.

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